Pudiera dar la sensación que en pleno siglo XXI, en plena era de la comunicación, esto de las ferias es algo anacrónico y sin sentido, condenadas a la desaparición, cual ruidosas máquinas de escribir, arrolladas por las videoconferencias, los correos electrónicos, las páginas web y toda suerte de tecnologías al alcance de cualquier mortal que se precie.
Pues NO. No estamos de acuerdo, y si bien es cierto que este tipo de eventos, tal y como se entendían hace algunos años, ha estado al borde de su desaparición, afortunadamente asistimos a un cambio radical en sus planteamientos de antaño, para convertirse y adaptarse a la nueva realidad.
No tenemos dudas que las ferias modernas se están desprendiendo de los lastres del pasado, en los que primaba la ostentación y el despilfarro, para ir convirtiéndose en lo que fueron en sus inicios: una excelente herramienta para reunir a la oferta y a la demanda y formalizar negocios, que de eso se trata.
Nunca entendimos lo que decían algunas empresas que gastaban mucho dinero en ferias: "En las ferias no se vende, pero asistimos por imagen de empresa..."
Con ésta filosofía, las ferias fueron convirtiéndose en un escaparate de las vanidades, dando la espalda a su verdadera razón de ser: contactar con nuevos clientes, conseguir presencia en nuevos mercados, testear eficazmente nuevos productos, fidelizar a los clientes, aprovechar las sinergias, compartir información.
Los organizadores han entendido la necesidad y comprobamos cómo certámenes como TCB y EUROBRICO, han evolucionado hacia conceptos de servicio, situándose junto a las empresas y favoreciendo el intercambio de información entre la oferta y la demanda, evitando todo lo superfluo, convirtiéndolas en herramientas de marketing muy eficaces.
Celebramos y promocionamos estos certámenes, convencidos de su eficacia.
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